lunes, 2 de febrero de 2009

Virreinato del Perú

Tras casi 40 años de desorden administrativo, el virreinato peruano encontró a un eficiente conductor en Francisco Toledo quien, entre 1569 y 1581, logró establecer el marco político -administrativo que regiría por muchos años en el Perú colonial.

Apenas llegado a tierras peruanas, Toledo se informó de todo cuanto había sucedido en el virreinato y de cuales fueron las políticas seguidas hasta ese momento. Reconoció la inexistencia de un adecuado sistema tributario, pues no había un registro del total de habitantes del virreinato. Toledo realizó varias visitas generales a distintas partes del virreinato y, por primera vez, se tuvo registro de los recursos humanos y naturales del Perú. Tras saber el número de posibles tributarios estableció las reducciones: pueblos indígenas en los que se agrupaba a un número de indios (alrededor de 500 familias). Así se sabía con exactitud la cantidad de tributo que debían entregar.

Toledo impuso también la mita colonial: tributo en el que los indígenas pagaban con su fuerza de trabajo en las minas, obrajes o construcciones para el estado (puentes, caminos, etc.). Cabe señalar que esta mita se inspiró en el sistema andino, pero no poseía el factor redistributivo que lo caracterizaba en tiempos prehispánicos. Es por ello que esta forma de tributo fue la más molesta para la población indígena.

El virrey Toledo estableció que el tributo se pagara en moneda. Así se creaban circuitos mercantiles, se fijaban los montos de tributación y se establecían los precios de los diferentes productos. Sin embargo, los indígenas continuaron tributando en especie hasta bien entrado el siglo XVII.

Sin duda, Francisco de Toledo sentó las bases del virreinato peruano pues logró lo que parecía imposible: la ordenación administrativa y política de todo el amplio territorio del Perú. A partir de su obra, los virreyes que siguieron lograron hacer del Perú el más importante virreinato de América

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Desde los primeros descubrimientos geográficos la corona española fue consciente de la necesidad de crear un organismo que velara por sus nuevos territorios. Tras casi 20 años de exploraciones en el continente americano el reino de España creó el Real y Supremo Consejo de Indias. Si bien empezó sus funciones en 1524, desde un inicio actuó como intermediario entre el rey y las indias y, durante el siglo XVIII, como organismo asesor para las secretarías de gobierno. De este organismo emanaron las leyes y el corpus legislativo base para la administración del virreinato, tanto en México como en Perú. El Consejo de Indias tuvo un campo de acción amplísimo. Fue el encargado de proponer los posibles candidatos a virreyes para las Indias y Filipinas, así como también de los oidores, corregidores y gobernadores de las ciudades americanas. De igual manera, en el ámbito judicial, fue la máxima instancia para las apelaciones de los casos impartidos por las audiencias.

En América, la máxima autoridad fue el virrey. Como representante directo del rey fue el encargado de impartir justicia, administrar el tesoro público y velar por la evangelización de los indígenas. No fue tarea fácil administrar un territorio tan vasto. El gobierno de Lima tuvo una carga fuerte, pues era responsable por cada una de las audiencias establecidas en América del Sur: Panamá, Nueva Granada, Quito, Lima, Charcas, Santiago y Buenos Aires. Estas audiencias fueron la base para establecer una serie de redes administrativas que funcionaron de manera eficiente tras las reformas implantadas por Lope García de Castro y Francisco de Toledo durante la década de 1570. Estas reformas incluyeron el censo de toda la población, especialmente la indígena e inició una serie de visitas a las provincias del reino para conocer su situación y elaborar políticas de acción respecto a la mita y las reducciones indígenas, principalmente.

La división de la población en república de indios y república de españoles facilitó la tarea administrativa, pues cada uno de estos grupos tuvo funcionarios específicos encargados de velar por sus intereses. Sin embargo, el corregidor de indios, funcionario encargado de la población indígena, muchas veces aprovechó su cargo e impuso onerosos impuestos o se apropiaba de tierras y chacras de cultivo, en detrimento de los vernaculares.

De estos cambios resultó el cambio irreversible en los patrones andinos. El Tahuantinsuyo desapareció y dio paso al nuevo virreinato peruano, que siendo casi un calco de su par en España resultó convertirse en un reino de vital importancia para los intereses castellanos.

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El virrey

El virrey fue el representante directo del rey en territorio ultramarino. Muchas veces fue el mismo rey quien se encargaba de revisar los nombres de los posibles vicesoberanos. Si bien hasta 1570 las funciones del virrey no quedaron establecidas, el punto de inflexión lo marcó la llegada de Francisco Toledo, quien reguló la personalidad jurídica y política de dicho cargo administrativo. El virrey tuvo dos campos de acción bien definidos: fue la máxima autoridad en la administración pública (que incluía el manejo del tesoro público y el nombramiento de autoridades) y el principal responsable de la defensa del territorio, pues en su cargo de Capitán General y Gobernador debía resguardar el virreinato de los ataques de corsarios y piratas, y de las agresiones internas, producto de revueltas o insurrecciones populares (aunque éstas no ocurrieron significativamente sino hasta el siglo XVIII).

Los virreyes en el Perú ostentaron distintos títulos: Lugarteniente, Gobernador y Capital General de los Reinos del Perú, Tierra Firme y Chile, Presidente de la Real Audiencia, Presidente de la Junta Superior de la Real Hacienda, Presidente del Tribunal y Audiencia Real de Cuentas, Superintendente del Juzgado de Policía, Capitán General de los distritos y Gobernador de las Provincias, Visitador de los Castillos y Fortalezas, Vicepatrono Eclesiástico, General de la Armada del Mar del Sur, etc.

El virrey era igualmente el principal responsable de propagar la fe católica y de evangelizar a los indígenas. A través del Regio Patronato (derecho del rey sobre sus territorios para nombrar a las autoridades eclesiásticas) el vicesoberano estaba facultado de nombrar evangelizadores, extirpadores de idolatrías y curas doctrineros.

Como cabeza del reino fue siempre responsable del manejo de los fondos fiscales y de los gastos extraordinarios, como, por ejemplo, la construcción de barcos para la defensa del litoral o la edificación de las murallas de Lima. De igual manera, fue el principal impulsor de la minería en los Andes y del desarrollo de la agricultura y ganadería, otorgando mercedes a particulares o nombrando autoridades que velaran por el buen desarrollo de las actividades agropecuarias.

En un principio el mandato de los visorreyes no debía exceder los 3 años. Sin embargo, debido al extenuante, prolongado y peligroso viaje que representaba llegar a América y también tomando en cuenta el tiempo que tardaban en ponerse al corriente de la situación administrativa, el Consejo de Indias amplió su estancia a 5 años. Aún así, la mayoría de virreyes se quedaron en el cargo mucho más tiempo que el asignado.

Durante su gobierno, el virrey debía actuar como protector y defensor de indios y podía además nombrar lugartenientes, corregidores y alcaldes mayores, así como tenientes de alguacil de Lima y Callao para la buena administración de justicia y la adecuada aplicación de policía. El virrey fue el presidente de la Audiencia de Lima, máxima entidad administradora de justicia en el virreinato peruano.

Terminado su mandato, debía rendir cuentas ante el Consejo de Indias a través del Juicio de Residencia. En este juicio se escudriñaba el comportamiento del virrey en las Indias y si es que había obrado dentro del marco legal y administrativo impuesto por la corona. Podían intervenir testigos de toda condición para informar sobre la administración virreinal.

Para controlar las acciones del virrey, así como para ponerle límites a sus intereses en el Perú, el Consejo de Indias creó leyes especificas para ellos. Las principales leyes versaban principalmente en el terreno personal: no podían contraer matrimonio con alguna mujer perteneciente a la jurisdicción que administraba, así como tampoco podían ejercer comercio alguno; sin embargo, muchas veces estas leyes no fueron acatadas. Desde 1613 todos los virreyes estaban obligados a elaborar una memoria para informar a su sucesor y al rey sobre sus actividades en el Perú. Estas memorias fueron de gran utilidad para los virreyes sucesores, pues le otorgaban un panorama general del virreinato, tanto en lo administrativo, judicial y económico, como en lo social.

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La audiencia

La institución más importante después de la figura del virrey fue la Real Audiencia. El virreinato del Perú tuvo dos audiencias: la de Lima (creada por las Leyes Nuevas de 1542 e instalada en 1544), cuya jurisdicción abarcaba toda las ciudades y provincias de América del Sur; y la del Cuzco, creada en 1787; subordinada a la de Lima. En términos generales, la función de este organismo fue una mezcla de poderes, pues no sólo gobernaba en lo político y en lo administrativo, sino que también era un tribunal superior en asuntos civiles y criminales. Sus funciones atañían la elaboración de leyes a favor de los indígenas, tribunal de primera instancia para juicios criminales, corte de apelaciones frente a las sentencias de corregidores y alcaldes inferiores, etc.

La Audiencia actuaba como asesor del virrey, por lo que muchas veces absolvió las consultas formuladas por el visosoberano. De igual manera, fue la encargada de tomar las riendas del virreinato cuando el virrey se encontraba enfermo o moría repentinamente.

En Lima la Audiencia fue presidida por el virrey y estuvo conformada por los oidores (de número variable llegando a tener durante varios años hasta 12 miembros), dos fiscales, un alguacil mayor, un teniente del Gran Canciller y numeroso personal subalterno.

Las leyes que estableció la corona para aislar a los oidores de la sociedad en la que se encontraban pusieron énfasis en el vinculo social y económico que podría obtener el magistrado en la jurisdicción en la que laboraba. Por ejemplo, una de las principales leyes prohibía terminantemente el matrimonio con alguna mujer dentro de la jurisdicción en la que ejercía la magistratura; inclusive la ley se hizo extensiva a sus hijos e hijas. Tampoco podían tener negocios o algún cargo en el tribunal del Consulado. Estas disposiciones fueron muchas veces incumplidas pues los matrimonios y vinculaciones entre los oidores y familias criollas de abolengo fue práctica común en el virreinato peruano.

A lo largo de los años existieron siete audiencias en América del Sur. Fueron subordinadas de Lima las audiencias de Santa Fe de Bogotá, La Plata, Chile, Panamá, Buenos Aires y Cuzco. Sin embargo, cabe anotar que durante el siglo XVIII hubo una reforma administrativa en el virreinato peruano (producto de las reformas borbónicas), creándose los Virreinatos de Santa Fe de Bogotá (1717) y del río de La Plata (1767).

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El corregidor

Corregimiento.- Fue la división administrativa y territorial implantada por la corona española una vez instaurado el reino del Perú. Hubo 12 corregimientos en la jurisdicción del nuevo virreinato peruano: Cuzco, Cajamarca, Saña, Chiclayo, Arica, Collaguas, Andes del Cuzco, Ica, Arequipa Huamanga, Piura y Huancavelica. La extensión del territorio hizo que varios de estos corregimientos se subdividieran a su vez en corregimientos autónomos. La falta de límites claros entre los corregimientos fue motivo de disputa y pelea entre los corregidores, pues no solo estaba en juego el territorio, sino también la población indígena, en otras palabras, la mano de obra y fuerza de trabajo requerida para la obtención del tributo.

El corregidor y justicia mayor fue la autoridad política, administrativa y judicial con mayor presencia en el virreinato del Perú. Fue el "brazo del gobierno" en cada una de las provincias en la que se estableció y el encargado de hacer cumplir la ley en los más recónditos lugares del reino.

El corregidor era nombrado directamente por el rey y el periodo en el cargo iba de los tres años, si el nombrado se encontraba en el Perú, o cinco años si procedía de España. Una vez concluido este periodo era posible la prórroga en el cargo, pero sólo hasta el nombramiento del sucesor por la Real Audiencia. El cargo no podía ser otorgado a los indígenas, encomenderos, deudos de los oidores, mestizos, judíos o vecinos que residieran dentro de la jurisdicción del corregimiento. Su sueldo variaba de acuerdo a los repartimientos mercantiles u otros beneficios que obtenía por su cargo. Entre sus ayudantes se encontraban el teniente corregidor, el alcalde de indios, escribanos, escribanos alguaciles de indios, e intérpretes.

Entre sus múltiples obligaciones se encontraba el recorrido por las provincias de su corregimiento, pero sin detenerse en cada una de ellas más de 15 días; la vigilancia de la recaudación de tributos, la conservación y reparación de caminos y tambos ubicados a lo largo de los principales caminos dentro de su corregimiento, etc.

El corregidor administraba justicia tanto entre españoles e indígenas, pero siempre como primera instancia. De igual manera organizaba el registro personal de indios y velaba por que vivan en las reducciones. Del corregidor dependía el enviar a los indios a las minas a cambio de un salario, su instrucción, así como su evangelización. En el papel debía proteger a los indios frente a los abusos de los españoles, sobretodo en los temas agrícolas. Sin embargo, fueron los mismos corregidores los primeros en violar los precarios derechos de los indios. Muchas veces cobraban doble tributo o les imponían el reparto de mercancías, por lo que los indígenas debían pagar cuantiosas sumas de dinero.

El cargo de corregidor desapareció para siempre tras la revuelta que organizara Tupac Amaru II en 1780, ya que se puso en evidencia la gran concentración de poder que éstos podían llegar a tener y el abuso que cometían con la población indígena. Los corregimientos fueron reemplazados por las Intendecias (1784).

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El cabildo

Luego del ordenamiento político de las indias, se creó el cabildo, institución que representó los fueros de las poblaciones urbanas.

Si bien es cierto que tuvieron a cargo la administración local, a causa de las grandes distancias entre cada pueblo y el aislamiento de cada uno de ellos, así como a la falta de comunicaciones, "el cabildo actuó como moderador de la actividad económica y debió extender sus funciones a los más diversos aspectos de la vida diaria" (Tauro: 2001, 428). Se distinguen tres tipos de cabildo: correspondiente a las villas y lugares, las ciudades diocesanas y las ciudades metropolitanas.

En las villas, se constituían por un alcalde ordinario, elegido anualmente en un acto presidido por el corregidor y cuyos cargos podían ser comprados o heredados; cuatro regidores, un alguacil y un mayordomo. En las ciudades diocesanas: alcalde elegible, ocho regidores, dos fieles ejecutores, dos jurados o diputados de cada parroquia, un procurador general, un mayordomo, un escribano de consejo, dos escribanos públicos, un escribano de minas y otro de registro, un pregonero mayo, un corredor de lonja y dos porteros.

En las ciudades metropolitanas: elegidos entre los encomenderos y entre los vecinos notables que no ejerciesen otros cargos incompatibles, 12 regidores (en México fueron 15 y en Lima llegaron a ser 18) y los demás oficiales perpetuos. Los alcaldes ordinarios eran elegidos por los regidores mediante votación secreta que en Lima era presidida por el virrey. Los regidores eran elegidos por el virrey con la autorización del monarca o por elección del cabildo. Entre sus funciones resaltó ser tribunal de segunda instancia y de sus resoluciones no se contemplaba apelación, a no ser que los litigios sean por un monto mayor a los 60 000 maravedíes. Controlaba la agricultura y la ganadería, extendiendo su vigilancia a la inspección de cultivos y a las cosechas. Controlaba la organización gremial y la producción artesanal. El cabildo era el encargado de entregar tierras a los nuevos vecinos para garantizar su arraigamiento en la ciudad. De igual manera repartía solares y campos labrantíos, pastos y zonas de cultivo.

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El curaca

Los curacas sufrieron una transformación durante los primeros años de la colonia. Si bien siguieron siendo los jefes de los pueblos y ayllus, no fueron más los jefes étnicos tradicionales tal como fueron en tiempos prehispánicos. Los curacas dejaron de controlar la administración comunal y sobre todo, no volvieron a disponer, según su apreciación, de la fuerza de trabajo o energía humana necesaria para la elaboración de redes de redistribución.

La elección del curaca ya no radicaba en su sabiduría o en la edad (tal como se hacia en tiempos prehispánicos), sino que era elegido por el corregidor. Su función se centró principalmente en la recolección del tributo -ellos mismos no tributaban- dentro del pueblo, reducción o ayllu. Su cargo fue problemático pues tuvo que enfrentar el encono de los miembros de su pueblo cuando el encargo de la carga tributaria era mayor a lo establecido. De igual manera enfrentaba al corregidor si es que debía reclamar por algún abuso y era el encargado de ir hasta a la audiencia si es que el fallo del corregidor le parecía injusto.

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El ordenamiento legal que se realizó entre los dos grupos poblacionales de mayor número (indios y españoles) caracterizó la vida colonial en los dos virreinatos americanos. La separación en dos repúblicas tuvo varias razones. La primera fue de carácter económico: para una mejor tributación los indígenas debían estar censados y "reducidos" en pueblos o rancherías cercanas a alguna parroquia. El conocimiento exacto de su número permitía al corregidor establecer las formas del tributo (si es que debían ir a la mina, o debían pagar en especias o contante). El problema con este registro es que no fue exacto debido a que muchos indios huían de sus reducciones o se hacían pasar por mestizos para evitar el pago. Hay que tener en cuenta que las enfermedades diezmaron a la población indígena a tal punto que hubo pueblos enteros que fueron devastados por la viruela, sarampión disentería, etc.; especialmente en las zonas costeras (costa atlántica y la del pacífico de México y en la costa del virreinato peruano), por lo que la tributación fue excesiva en muchos casos, debido a que los sobrevivientes debían cargar con el tributo de los muertos.

La población más numerosa de ambos virreinatos fueron los indígenas (pertenecientes a la república de indios). Estos eran considerados legalmente como menores de edad, por lo que no podían ser juzgados ni tomados en cuenta como testigos. Las leyes de Indias protegieron a los descendientes de los Incas y a las familias "nobles" o panacas del antiguo Tahuantinsuyo. Esta parte de la población indígena estaba exenta del tributo. Por ello muchos indígenas hicieron grandes fortunas comerciando (algunos productos vernaculares como el olluco, la oca, camote, etc. estaban igualmente libres de impuestos), o con el arriaje de mulas de carga. Con las reformas borbónicas (durante la década de 1770) fueron aplicados impuestos a los productos indígenas, originando rebeliones y revueltas en ambos virreinatos.

La república de españoles estaba conformada por los peninsulares llegados a América y sus descendientes directos: los criollos. En un primer momento a la cabeza de esta república debieron estar los encomenderos, grandes terratenientes y los funcionarios públicos, como los oidores, corregidores y el virrey. Con el tiempo, los encomenderos fueron suplantados por personajes de mayor jerarquía, poseedores de títulos nobiliarios (condes, marqueses y hasta algún "grande" de España). La mayor cantidad de hombres y mujeres con títulos se concentró en el virreinato de la Nueva España. De igual manera, las familias más pudientes se concentraron en la ciudad de México, Oaxaca, Guanajuato y Veracruz. En Lima se concentraba una pequeña porción de hombres adinerados, resultantes de matrimonios estratégicos entre familias pudientes. La compra de cargos públicos daba igualmente prestigio, pero ello pauperizó el sistema administrativo colonial pues se entregaban al mejor postor y no importaba si es que sería el comprador adecuado para el cargo o no. La necesidad de fama y riquezas era todavía una herencia medieval. Se buscó perpetuar los cargos nobiliarios con la familia, así como con tierras y propiedades que generalmente se encontraban en mayorazgo (por lo general dadas al hijo mayor). No se debe olvidar que México poseía el mayor número de nobles y "ricos" de todas las colonias españolas en América debido en gran parte por el boom minero que experimentó en los siglo XVII y XVIII. En cambio el virreinato peruano no llegó a tener mas de 300 nobles cuyo máximo caudal llegó a ser 120 000 pesos por casa familiar (cifra sumamente baja si se compara con el promedio mexicano: 600 000 pesos por familia noble). Ingresar a una casa de caballería confería una posición de privilegio. Las más importantes fueron las de Calatrava, San Juan de Jerusalén, Alcántara y Santiago.



La república de indios

Dentro de las reformas que Francisco de Toledo aplicó en la década de 1570 se encontraba la división de la sociedad en dos repúblicas conformadas por los dos grupos poblacionales más importantes: los indios y los españoles.

La república de indios la conformaban todos los indígenas nobles, es decir, todos los descendientes de la elite cuzqueña incaica y de las panacas reales. Fueron también nobles reconocidos aquellos indígenas descendientes de las grandes tribus macroétnicas costeñas y andinas. Instaurado el virreinato la condición de estos nuevos nobles no fue aceptada pues los conquistadores creían que estos indígenas podrían encabezar alzamientos y revoluciones tal como sucedió durante la crisis de Vilcabamba entre 1542 y 1570. Sin embargo, durante el siglo XVII los curacas nobles fueron reconocidos y aceptados, inclusive muchos de ellos tuvieron comercio directo con la población española pues tuvieron acceso a tierras y chacras. Hay que anotar que los nobles indígenas se encontraban exentos de tributar y de ir a la mita por lo que el comercio se convirtió en una fuente de ingresos importante. Los nobles indígenas, aprovechando su condición, muchas veces comerciaban con productos que a su vez se encontraban libres de impuestos (olluco, oca, papa, etc.) y que tenían gran demanda entre la población vernacular. La corona buscó igualmente consolidar su posición creando para ello colegios especiales para curacas. En ellos además de ser correctamente evangelizados aprendían gramática y ciencias.

El sector más numeroso de la república de indios fue el que conformaban los indígenas del común. Fueron ellos los que cargaron con el pesado aparato tributario virreinal.

Durante la conquista los indios fueron repartidos o encomendados o un español (el encomendero) que usufructuaba su energía en trabajos de mita minera o agrícola. Los encomenderos debían velar por la fe del indígena así como por su vestimenta y alimentación. Sin embargo la corona no continuó con el régimen de encomiendas y derogó para siempre este sistema con las llamadas Leyes Nuevas de 1542. No fue sino hasta la década de 1570 que se reglamento el sistema de tributación. El virrey Francisco Toledo, tras las visitas que realizó por todo el virreinato, implantó las reducciones de indios. Los indígenas eran reunidos en un pueblo donde vivirían apartados de los españoles. Esta medida tuvo dos finalidades: primero, facilitar la labor evangelizadora a las ordenes religiosas y segundo, saber el número exacto de indios para estimar el tributo que los indígenas debían entregar a los corregidores. La carga tributaria variaba de acuerdo al número de pobladores de una reducción o pueblo de indios. Y es que esta reglamentación no tuvo en cuenta la variabilidad en el número de la población andina (los indígenas se movían entre los diferentes pisos ecológicos para intercambiar productos agrícolas), ni tampoco los estragos que causaron las enfermedades europeas que llegaron al virreinato del Perú en los primeros años de conquista. Al llegar a la edad adulta los indígenas debían, o bien pagar un tributo en especias o en dinero, o aceptar mercaderías que los corregidores les entregaban (especie de crédito forzoso), o por último pagar su tributo a través de la mita minera. Ante esta crítica situación muchos indígenas preferían huir de las reducciones y llegar en el mejor de los casos a una hacienda donde siempre faltaba la mano de obra.

Otra forma de tributo fue la mita minera. Esta fuerza de trabajo distaba mucho de la mita prehispánica pues los indígenas no recibían nada a cambio. Ya no era dentro de los cánones de reciprocidad, sino para cubrir, con energía humana, los pagos del tributo asignado.

Por último, pertenecían hasta cierto grado a la república de indios los llamados mestizos. Discriminados por los españoles e indígenas por no tener pureza en la sangre, los mestizos lograron insertase a la sociedad durante todo el siglo XII y ocuparon cargos menores como artesanos o servidores.



La república de españoles

La república de españoles, tal como su nombre lo indica, estuvo conformada por los peninsulares que llegaron al Perú durante el proceso de conquista y por sus descendientes directos nacidos en tierra americanas: los criollos o también llamados españoles americanos. Fueron muchos los españoles que llegaron a las "indias" con la ilusión de obtener fama y fortuna. Se calcula que fueron alrededor de 220 000 (sólo en el siglo XVI) los españoles que cruzaron el Atlántico y formaron parte de los virreinatos del Perú y Nueva España (México). Cabe resaltar que durante el siglo XVI los españoles llegados a América provenían principalmente de Andalucía, Castilla y Extremadura. Las costumbres y tradiciones de estos lugares calaron fuertemente en la sociedad colonial, configurando el carácter y gusto del hombre peruano.

Fue la casa de Contratación de Sevilla la encargada de dar los permisos para el viaje a América. Estuvieron impedidos de viajar judíos, moros o protestantes. De igual manera no podían venir al nuevo continente hombres o mujeres de otros países europeos sin un permiso especial de la Casa de Contratación, aunque muchos se las ingeniaron para llegar a América sin problemas.

La república de españoles estuvo conformada por los hidalgos y nobles llegados al Perú durante el proceso de conquista. Por su participación y valor en las luchas con los naturales obtuvieron cargos administrativos, encomiendas y títulos de nobleza. Cabe anotar que muchos de los hombres ricos en el virreinato peruano tenían la ilusión de regresar a España y ser reconocidos en su patria como nobles.

Los que no poseían título nobiliario alguno buscaron establecer matrimonios estratégicos con las hijas de algún rico encomendero o noble adinerado. Otra forma de obtener poder y prestigio fue la compra de cargos públicos. Durante el siglo XVII y XVIII se hizo común la compra de cargos sin importar si es que el comprador era idóneo para el cargo o no. Es posible que esta política de compras haya sido fruto del crecimiento de la burocracia estatal. En su intento por frenar el poder de los criollos, la corona creó mecanismos de control cada vez mas fuertes. A medida que pasaron los años, la administración virreinal creció enormemente pues buscó cubrir todos los aspectos del reino. Así fueron creados cada vez mas cargos alrededor de la figura del virrey. Cuando éste venía de España, llegaba con un séquito de consejeros y validos que rápidamente se instalaban en los mejores cargos administrativos. Sin embargo, con el correr de los años los criollos también lograron ocupar altos cargos administrativos. El único cargo que nunca obtuvo un criollo fue el de virrey, el resto tuvo más de una vez a un español americano en su dirección.

Los miembros del Tribunal de Consulado y del gremio de comerciantes fueron parte de la republica de españoles. Estos hombres tenían el poder económico suficiente como para comprar cargos u obtener privilegios y mercedes de la corona, aunque en un inicio el poder adquisitivo no fue suficiente aval para obtener algún titulo nobiliario. Fue recién en el siglo siguiente que pudieron, acceder al privilegio que otorgaba la compra de cargos y títulos.

Los españoles que lograron amasar grandes fortunas en el virreinato peruano buscaron perpetuar su grandeza a través del mayorazgo. Este fue una forma de mantener las posesiones o porciones de territorio al linaje pues era una herencia a la que el hijo mayor tenía derecho y de la cual no se podía separar. A falta de hombres el mayorazgo recaía en la hija mujer.

Otro grupo importante de esta república lo conformaron los profesionales, religiosos y artesanos. Los profesionales fueron principalmente profesores universitarios civiles y religiosos que enseñaban en seminarios o colegios mayores. Su posición fue privilegiada pues eran requeridos como consejeros en varias dependencias administrativas.

Los artesanos en el virreinato del Perú lograron tener estándares de vida mucho más altos que sus pares de España. Boticarios, zapateros, panaderos entre otros oficios tuvieron importante demanda ya que la población crecía año tras año gracias a la llegada de grandes grupos de españoles.




Los criollos

Eran llamados criollos los hijos de españoles nacidos en América. En un inicio la corona no tuvo política definida frente a este sector de la población, que cada año se hacía más y más grande. Sin embargo, la corona sabía que era posible que surgiera en ellos sentimientos anticoloniales, principalmente tras la revuelta de los encomenderos a mediados del siglo XVI.

Por esta condición estuvieron prohibidos de ejercer cargos públicos (en la práctica ocuparon casi todos los cargos públicos, a excepción del cargo de virrey). Sin embargo, durante el siglo XVII y XVIII, la reticencia de la corona casi no se sintió en los virreinatos americanos. La "independencia económica" hizo que los criollos pudieran tener más libertades, por lo que varios de ellos amasaron grandes fortunas. Inclusive en el campo religioso las diferencias entre peninsulares y criollos se redujeron drásticamente. Muchas criollas llegaron a ser monjas de velo negro, abadesas, etc. y los hombres llegaron a ocupar importantes cargos en el arzobispado.

Ya en el siglo XVIII la corona puso especial énfasis en quitarles el poder que habían logrado obtener en los siglos anteriores. Los análisis históricos ven en esta prohibición borbónica uno de los principales factores del surgimiento del sentimiento anticolonial en este grupo, aunque no haya habido una revuelta o rebelión criolla de dimensiones considerables en todo el siglo XVIII.


Las castas

El cruce entre mujeres vernaculares, hombres españoles y esclavos negros originó una mezcla "racial" que no estuvo contemplada por la corona durante el inició de la conquista. Los hombres resultantes de estas mezclas fueron los que cargaron con toda la crudeza del aparato social colonial. Los mestizos, (hijos de padre español y madre indígena), si bien no eran parte de la república de indios, no estuvieron exentos del tributo, pero lograban trabajar en oficios menores y como ayudantes de artesanos. Fueron rechazados tanto por los criollos así como por los indígenas, pues ambos grupos le reclamaban su lado "infecto" que no los hacía parte de ellos.

Los mulatos (hijos de padre español y madre negra esclava) fueron considerados esclavos y no tuvieron mayor suerte, durante su vida colonial. Al igual que los mestizos ocuparon cargos menores (barberos, escribanos, artesanos, agricultores).

Los zambos (hijos de padre negro y madre indígena) fueron los que corrieron con mayor suerte pues como eran hijos de madre libre fueron igualmente libres (a pesar de que el padre era esclavo) y al no ser inscritos en los padrones indígenas no pagaron tributo alguno.

Hay que anotar que en México no hubo una gran población de hombres de color, tan solo en algunas ciudades costeras su presencia fue importante.




Los esclavos

Los primeros esclavos negros que llegaron al Perú lo hicieron en compañía de sus amos, generalmente personas muy acaudaladas que poseían "piezas de ebano" como parte de sus propiedades personales. A mediados del siglo XVI la ley tipificaba a los esclavos negros como bienes semovientes. Si se siguiera esta definición en estricto sensu no se podría comprender la enorme versatilidad de funciones que tuvieron los negros durante la colonia, pues estaba por demás aceptado que los negros eran seres humanos pero que habían sido creados para servir.

Desde los primeros años de la conquista la población negra aumentó rápidamente, y fueron desde un inicio enviados a las plantaciones y haciendas costeras. También se pensó que podrían servir en las minas de Potosí o Huancavelica, sin embargo su manutención era sumamente costosa si se comparaba con lo económico que resultaba tener indígenas (cuyo número era muy superior en los Andes).

Lima fue una de las ciudades con mayor cantidad de población negra en el virreinato del Perú. Inclusive su número llegó hasta equiparar e inclusive sobrepasar el número de españoles.

Las actividades de los esclavos fueron variopintas. El común de negros se dedicó a la peluquería, arreglar los dientes, braceros en las haciendas, artesanos, etc. Sin embargo, hubo muchos que tuvieron la suerte de conseguir su libertad pues tuvieron una relación amical con el amo. La manumisión usualmente la dejaban los amos en el testamento o en su defecto les legaban la casa en la que habían residido. Otros no tenían la misma suerte y se encontraban a merced de los caporales y su condición no cambiaba en toda su vida. No faltaban los amos explotadores que prostituían a sus esclavas a cambio de unas cuantas monedas. Sin embargo, el esclavo pasó mas por "la indiferencia y monotonía que por el dolor o la angustia". Algunos no soportaron su condición y se escapaban a lugares poco accesibles para vivir al margen de la ley. Los palenques fueron pequeños pueblitos donde vivían los negros cimarrones o huidizos ubicados principalmente en páramos de Cieneguilla, Huaura o Carabayllo. De estos lugares sólo salían a asaltar a los transeúntes o a trabajar como mano de obra asalariada. Los esclavos se agrupaban en cofradías bajo la advocación de algún santo o virgen. Su día de reunión eran los domingos y en él se discutían los principales asuntos de la junta, especialmente lo relacionado a la procesión de su patrón. En estas reuniones celebraban fiestas que fueron calificadas como licenciosas por lo frenético de los bailes, tan disímiles a los de los españoles.





La minería en la América española fue el motor de la economía colonial. Tanto en el virreinato del Perú como en el de la Nueva España, las minas engranaron todo el comercio, marcaron los circuitos comerciales orientando la producción a los grandes centros mineros. Si bien, el cerro Rico de Potosí así como Zacatecas (México) contribuyeron con el erario español durante toda la época colonial, hubo otros ingresos que mantuvieron a flote la economía peninsular. La mesta textil y los tributos de las provincias europeas fueron los principales ingresos de la corona.

A medida que el gobierno y el control político de los virreinatos se normalizaba en América, el monopolio español se vio mermado por el comercio ilegal, el crecimiento económico y por el fortalecimiento del tribunal del Consulado, importante gremio comercial del virreinato peruano.


Minería

La minería en América logró dinamizar el control político y administrativo de las colonias, debido a que estas tierras aportaron el metálico más importante de aquellos tiempos: la plata. En el Nuevo Mundo solo se conocían ciertos metales (entre ellos la plata y el oro), pero no le otorgaban el uso que los occidentales le daban, ya que no existía el comercio (transacción entendida en términos occidentales) principalmente en los andes (en Mesoamérica existían los mindalaes, pero aún no se sabe a ciencia cierta si es que cumplieron una función mercantil). Los españoles trajeron los implementos y tecnología adecuada para una explotación a nivel "industrial", gracias también a la utilización de la fuerza indígena. Se cree que en la década de 1540 fue descubierto Potosí y recién en 1570 explotado a gran escala. La mita dejó su forma prehispánica para convertirse en una forma en la que los españoles podían obtener mano de obra barata (aunque con los años los indios lograrían prerrogativas y muchos beneficios en las minas). Uno de los pilares de la minería fue la fuerza de trabajo. Los indios mineros debían pasar entre una y dos semanas (cada mes o mes y medio) dentro de la mina, sin salir en ningún momento, hasta completar su trabajo. Su sueldo variaba de acuerdo a la especialización que tenía. Durante el siglo XVII los indios barreteros o los de faltriquera lograron cobrar elevados sueldos pues solo ellos lograban hacer el trabajo de manera eficiente.

Las técnicas para la extracción de plata mejoraban rápidamente. En un inicio la plata era separada de los demás metales a través de los hornos llamados huairas (en los andes), pero solo servía para la plata de alta ley (que por lo general se encontraba casi a ras del suelo), para la plata que se encontraba en las vetas más profundas este tipo de fundición no servía. En 1555 el español Bartolomé de Medina creó (en México) la separación de la plata a través del azogue (mercurio). El mercurio absorbe la plata siempre y cuando ésta se encuentre en estado de polvo o harina. "Esta acción daba como resultado una amalgamación llamada pella". Luego se separaba el azogue y quedaba la plata pura y de alta ley. Lo económico de este método es que el mercurio podía volver a utilizarse luego del proceso.

Nueva España tuvo que importar azogue desde la península a diferencia del Virreinato del Perú que contaba con la Minas de Huancavelica (Oropesa, las minas de Santa Bárbara). A partir de 1572 la producción de plata de Potosí se triplicó gracias al método de la amalgamación. Aunque la inversión fue elevada, tanto Potosí como Zacatecas daban dividendos altísimos, lo que impulsaba a varios hombres pudientes a realizar molinos para la trituración de metales, hornos para la fundición, etc. Los centros mineros fueron ciudades que rápidamente se convirtieron en emporios comerciales que engranaron todo un circuito comercial en el que se encontraban la ciudad de México (para Zacatecas y Guanajuato) y la ciudad de los Reyes (para Potosí, Cerro de Pasco y Huancavelica).

Hay que tener en cuenta que el monopolio comercial que estuvo alrededor de la minería se vio afectado rápidamente por el contrabando de materiales (azogue, hierro), reventa de minerales y sobretodo por la salida del mineral (plata) a través de embarques ilegales, como Arica, hacia mercados franceses e ingleses.

Principales minas del virreinato del Perú en la colonia:
Potosí: c. 1545
Pasco: 1567
Castrovirreina: 1590
Oruro: 1608
Cailloma: 1608
Laicacota: 1619
Lucanas y Parinacochas: 1630




Agricultura

Tanto en México como en el virreinato peruano la tenencia de la tierra se trastocó, así como el usufructo que se hacía de ella. Con la llegada de los españoles llegaron también productos como el trigo, olivo, vid, cítricos, animales de granja y aves de corral. Desde un inicio los indígenas fueron empleados en las faenas agrícolas y fue a través de esta práctica que pudieron pagar sus tributos hasta que dispusieran de circulante. Nuevas técnicas como el barbecho, la rosa y quema así como diferentes instrumentos les fueron dados a los nativos para que explotaran al máximo la agricultura. El cambio más significativo estuvo en lo que se refiere a la propiedad de la tierra.

Los indígenas tuvieron que adaptarse a este nuevo sistema que era diametralmente opuesto a las prácticas vernaculares, pues concebían el aprovechamiento de la tierra para beneficio común (a las comunidades indígenas les otorgaron tierras comunales para el pago del tributo, pero a su vez numerosos mitayos debían ir a trabajar a las tierras de hacendados en su calidad de encomendados o yanaconas). Un aspecto a tener en cuenta es que las tierras destinadas a la agricultura se encontraban relativamente cercanas a las ciudades debido a que muchos de los alimentos no aguantaban más de 5 días de camino sin malograrse. Alrededor de Lima, Veracruz, México, Guanajuato y Potosí hubo grandes hectáreas destinadas solamente a la producción local. Dentro de esta producción no se descuidaron los productos locales como el olluco, coca y la crianza de pavo (en Centroamérica). Hacia 1600 la producción local fue lo suficientemente estable como para sustituir las importaciones que se hacían desde España causando gran molestia a los comerciantes españoles. Es desde entonces que el comercio intercolonial empezó a tener auge, principalmente entre las regiones de Perú, Chile y Centro América.

Productos traídos por los españoles: ganado vacuno, lanar, caprino, porcino; cereales: trigo, arroz, cebada, centeno; vegetales: lentejas, frijoles, lechugas, col, espinaca, apio, espárrago, zanahoria, nabo, betarraga, rábanos, etc.; frutos cítricos.

Productos vernaculares que se continuaron produciendo: papa, maíz, oca, quinua, cacao, camote, ajíes, yuca, maní, algodón, coca, etc.



Los obrajes

Fueron de gran importancia tanto en México como en el Virreinato del Perú. Fueron centros laborales dedicados a la manufactura de textiles e hilos de lana, algodón y cabuya. En el Perú el primer obraje fue instituido por Antonio de Ribera en 1545. Su número creció rápidamente debido a que las vestimentas tenían gran demanda entre los indígenas mineros (de diferentes calidades: bayetas, jergas, frazadas, alforjas, medias, sombreros, costales). Su producción no pudo superar lo artesanal debido a que el monopolio peninsular no dejaba que se expandiera o que elaborara productos de mejor calidad. No obstante fueron una eficiente industria debido a que siempre tuvieron grandes pedidos provenientes de todas partes del virreinato, tanto en Nueva España como en el Perú. A ello hay que agregar la relativa independencia que tuvieron las colonias (gracias a las constantes guerras entre España y sus países enemigos), logrando que su economía fuera más autónoma, beneficiando en gran medida a los obrajes y demás centros de producción locales. Lo que sí mermó la industria obrajera fue la introducción de textiles ingleses, que por su precio mucho más bajo, lograron capturar el mercado en detrimento de los comerciantes locales.

Existían obrajes de diferentes clases: obrajes enteros: eran aquellos que podían operar más de 12 telares, en los cuales trabajaban indígenas forzados o aquellos que percibían un salario; medios obrajes: si no excedían los 12 telares, pero que contaban con un batán y molino (pagaban la mitad de la alcabala); y los chorrillos: contaban con seis telares o menos y carecían de batán, eran usualmente mantenidos por el miembro de una familia y solo producían tejidos de calidad burda.



Comercio

Establecido el control político y administrativo en las colonias, la corona se preocupó por que los habitantes del Nuevo Mundo sean incluidos en los circuitos comerciales con la península. Esta buscó tener el control monopólico de todos los productos y trató de frenar cualquier intento de comercio entre las colonias. Prohibió ciertas manufacturas pues éstas (telas, muebles, vinos, hierro, etc.) debían importarse de España, pero no logró este objetivo. Los circuitos comerciales que giraban en torno a la minería exigían mayor cantidad de productos, cantidad que los comerciantes españoles no estaban en capacidad de otorgar debido a las guerras entre España y países enemigos, así como por la forma como en que el Consulado Sevillano había dispuesto el comercio con América. Los galeones salían de Sevilla cargadas de productos hacia Portobello, lugar donde se efectuaba una feria anual. A ella debían llegar los comerciantes procedentes del Perú, pues las flotas se dirigían a Veracruz para ahí efectuar las transacciones con los comerciantes de la Nueva España. Durante el siglo XVII, tanto el Perú como México se fortalecieron económicamente, manufacturando sus propios productos e inclusive comerciando entre las colonias (circuitos: Acapulco-Lima-Valparaiso, Lima- Panamá-La Habana, etc.). Las ferias fueron desde 1700 un fracaso pero aún así se celebraron hasta la década de 1740. Uno de los símbolos del comercio intercolonial fue el llamado galeón de Manila.

Lo que se debe resaltar es la independencia económica que van teniendo las colonias durante el siglo XVII. Ello propiciará, años mas tarde, las reformas borbónicas y la posterior independencia americana. También hay que destacar que esta independencia económica tuvo que ver con el comercio directo que efectuaban las colonias con barcos llenos de mercaderías procedentes de Inglaterra y Francia. Para el caso peruano, fueron muchos los barcos que fondearon frente a las costas de Pisco y Arica a la espera de los compradores, que en muchos casos eran connotados funcionarios públicos (a los que les estaba prohibido hacer algún tipo de negocio). Inclusive, en estas estrategias comerciales, los comerciantes peruanos, por evitar el monopolio español, llegaron hasta la misma Sevilla para realizar compras. Los llamados peruleros fueron en varias ocasiones a las costas españolas a comprar productos por menor precio. Fueron finalmente prohibidos este tipo de viajes pues ocasionaba grandes pérdidas a la corona.



Instituciones económicas

Tribunal de Consulado:
Fue un juzgado privativo constituido en Lima (por real Cédula del 29- XII-1593) por el gremio de los comerciantes para atender a los litigios y juicios a los que dieran origen las transacciones comerciales y mercantiles. Se instaló recién el 13 -II- 1613 a virtud de una provisión dictada por el Virrey Marqués de Montesclaros. Según sus ordenanzas debía efectuar cada año una junta general y designar 30 electores, a quienes le correspondía elegir un prior, dos cónsules y seis diputados que representarían al gremio. Controló el crédito público, al distribuir entre el gremio los donativos o empréstitos exigidos por la corona y recabó los impuestos. De igual manera, reguló las tasas y aranceles, fijó el precio de las mercancías, fletó navíos y armó la escuadra que defendía los barcos que desde Panamá llegaban al puerto del Callao con mercancías. Fue suprimido en 1822 y en su lugar se creó la Cámara de Comercio de Lima. Sin embargo, fue restablecido en 1829 y disuelto definitivamente en 1866.

Impuestos coloniales:

La alcabala: Gravaba todos las operaciones de compra-venta. Inicialmente consistía en el 2% con excepción de los productos indígenas (que no eran gravados con impuesto alguno). Dentro de las medidas de las reformas borbónicas las tasas se elevaron al 4% y luego al 6%. Debido a las protestas y revueltas indígenas, volvió al 4%.

Almojarifazgo: Derecho aduanero que consistía en el pago de un impuesto que iba entre el 2,5 hasta el 7% de los productos que entraban y salían del virreinato. Además de este pago se realizaba otro llamado avería, que consistía en la recaudación de un fondo para armar la flota que protegía las embarcaciones comerciales.

Quinto real: Derecho que se atribuía el monarca para quedarse con la quinta parte (20%) de la producción minera americana. Cuando Potosí decayó en el siglo XVIII se redujo su taza al 10% (llamado diezmo).

Tributos: Los indígenas debían abonar mensualmente, anualmente, o como lo requiera el corregidor un tributo que podía ser en productos agrícolas o en circulante. Las castas y mestizos debían pagar un tributo pero fue menor que el impuesto aplicado a los naturales.





La iglesia católica tuvo presencia en el nuevo mundo desde los primeros días de conquista. Los soldados se encargaron de extender la fe cristiana pues ellos mismos se consideraron agentes de evangelización frente a los indígenas. Y es que la conquista fue entendida por muchos españoles como un intento de la corona, no solo por extender sus dominios, sino también como justificación en la propagación de la fe. No faltaron los milagros en los que se avistaron al Apóstol Santiago "Matamoros" o a la virgen María en situaciones de real peligro. Hechos fortuitos que lograron una verdadera convicción entre los soldados de la ayuda divina en la conquista. Así, durante los primeros años de presencia española en el Perú, fueron los soldados los que se encargaron de mantener la fe.
Al virreinato del Perú llegaron las órdenes religiosas casi al mismo tiempo que los conquistadores. Fray Vicente Valverde, aquel dominico que le hiciera a Atahualpa el requerimiento, fue años mas tarde obispo de Cuzco y bautizado con el título de Defensor de los Indios. Al Perú llegaron cinco órdenes religiosas que se encargaron de la evangelización de los indígenas. Por su parte, el clero regular se encargó de crear los mecanismos para una adecuada evangelización y adoctrinamiento.

No pasaron muchos años para que la Iglesia se convirtiera en una de las instituciones más poderosas del virreinato peruano. Los criollos y mestizos también ingresaron al clero regular y secular, no sin antes pasar por largas disputas para legitimar su derecho.

La iglesia perfiló el carácter comunitario de la vida en la ciudad y fue el centro de las expediciones evangelizadoras en las zonas rurales.




Con la llegada de los españoles al territorio peruano la activa producción de elementos simbólicos-representativos andinos (al que hoy en día llamamos arte prehispánico) sufrió un revés sin precedentes. La incompatibilidad entre las percepciones españolas (basadas principalmente en el realismo) y las tradiciones andinas (basadas en el simbolismo) hizo que, ante la incomprensión del mensaje, los españoles destruyeran casi todas las formas de representación local. Las quilcas o tablillas pintadas, los quipus, los tocapus o los dibujos simbólicos de los incas no fueron entendidos por los peninsulares, pues no encontraban ningún elemento cercano a sus tradiciones visuales.

Con este bagaje visual, los españoles utilizaron las imágenes de Cristo, la virgen María, Santos, etc. para llevar a cabo las primeras evangelizaciones en el vasto territorio peruano, ante la estupefacta mirada de los indígenas. Lo que probó ser una medida muy efectiva, pues logró facilitar el entendimiento de la fe cristiana a los vernaculares.

El arte durante los primeros años virreinales fue exclusividad de los religiosos y su uso tuvo un fin práctico principalmente en el adoctrinamiento. No sólo pinturas o imágenes estuvieron presentes en esta tarea. Esculturas de diversos tamaños y retablos fueron herramientas imprescindibles para los misioneros católicos.

La ciudad de Lima jugó un rol preponderante en el desarrollo del arte en el virreinato del Perú. Su rápido crecimiento urbano, la acumulación de riqueza por parte de los encomenderos y la construcción de templos e iglesias fueron motivos para la demanda de pinturas y esculturas de las principales ciudades de los reinos españoles. Especial preferencia se tuvo por las obras provenientes de Flandes e Italia, aunque las obras sevillanas y andaluzas tuvieron igualmente gran demanda.

Lima como centro político del más importante virreinato durante el siglo XVI fue plaza importante para destacados artistas que no dudaron en venir y ofrecer su arte a la iglesia.

Destacan Angelino Medoro, Bernardo Bitti, Mateo Perez de Alesio, entre otros.

Otro rasgo importante en la evolución de las artes durante la colonia lo constituye la exquisitez de la arquitectura religiosa. Los templos fueron encomendados a alarifes que dominaban las técnicas de la edificación en piedra y barro, por lo que erigieron obras de buena factura, muy superior a las realizadas en otras partes del continente. Tan solo mencionar a los conventos e iglesias de Santo Domingo, San Francisco el viejo, San Pedro, Las Trinitarias o La Merced para dar cuenta del refinado gusto estético de los alarifes limeños.

En el interior del virreinato la situación no fue diferente. En Cuzco, Arequipa, Cajamarca, Huamanga, Puno y Trujillo hubo una clara tendencia hacia la búsqueda de lenguajes propios, basados en la utilización de elementos locales. La utilización del sillar en Arequipa o la Piedra en Cuzco es muestra clara de la adaptación del arte europeo y su transformación para el uso local.

Otro punto a resaltar en el derrotero de las artes en el virreinato peruano es la llegada del barroco. Como parte de la contrarreforma de la iglesia, el barroco buscó sensibilizar al espectador a través de los sentidos antes que por la razón. Es por ello que este estilo se caracterizó por la gran concentración de elementos y ornamentos (mayormente vinculados a temas religiosos) y también por la meticulosidad que tuvieron los artistas en colocarlos de tal manera que crearan una atmósfera mística y ascética.

El barroco dominó casi por 200 años las artes en el Perú e impuso su sello en la pintura, escultura, arquitectura, música y literatura. Hubo una gran influencia externa, aunque la respuesta peruana fue a todas luces autóctona. El barroco se reinterpretó, y el resultado fueron obras de excelente calidad, que no dejaron de plasmar los elementos simbólicos y realistas que el barroco exigía.

El siglo XVIII se caracterizó por la llegada de nuevas tendencias procedentes de Francia, Austria y Alemania. Las artes ya no fueron exclusividad de los religiosos, por el contrario, fueron los civiles y la corte los principales compradores de estas tendencias. Uno de estos estilos fue el rococó. Impulsado por los reyes borbónicos, este estilo manifiesta un gusto exquisito y refinado, mostrándose principalmente en la pintura y la arquitectura. Destaca la torre de la catedral de Santo Domingo, bello ejemplo de rococó en el Perú y atribuida al diseño del mismo virrey Manuel Amat y Juniet.

Los moldes neoclásicos llegaron a finales del siglo XVIII, producto de las corrientes ilustradas. Los mejores receptores para esta tendencia fueron los criollos, no obstante en la política virreinal también tuvo acogida. Matías Maestro fue el introductor de esta corriente y manifestó su arte no solo en la pintura sino también en la arquitectura, de la cual fue su máximo exponente.
































































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